La
misión pedagógica de 1934.
A Gema, pedagoga
Un decreto del Ministerio de Instrucción Pública del gobierno
republicano con fecha de 29 de mayo de 1931 creaba el Patronato de
Misiones Pedagógicas, destinado a paliar la penosa situación cultural y
educativa de los pueblos del campo español de los años treinta. El
modelo de las misiones pedagógicas, de inspiración española, se basa en
las doctrinas del profesor Bartolomé Cossío, quien fue puesto al frente
de dicha institución y apostaba por el reformismo educativo, por llevar
la cultura a todos los rincones de España.
El patronato se instala en Castellana 71 y las misiones empiezan en
diciembre de 1931 y durante los dos años siguientes tienen lugar en las
provincias cercanas a Madrid.
Al acabar el curso académico 1933/34, el Teatro y el Coro de las
Misiones va desde Mombuey hasta Puebla actuando en diferentes lugares
(Asturianos, Galende), pero es San Martín de Castañeda, por su extrema
pobreza, el pueblo que más llama su atención; sorprendidos por la
afabilidad de aquellas gentes tan humildes, cuando esa noche regresan a
Puebla a dormir, algunos de ellos plantean la idea de llevar a cabo una
misión en dicho pueblo en el siguiente otoño, pero ir con elementos de
acción social directa y eficaz, que permitan paliar en lo posible la
penosa situación que se han encontrado.
De este modo, el Inspector de Primera Enseñanza de Madrid, D. Alejandro
Rodríguez acepta hacerse cargo de todos los preparativos, ayudado por
tres estudiantes, Carlos Rivera, de Agricultura, Germán Somolinos, de
Medicina y Luis Santabárbara, de Arquitectura, quienes junto a los
mecánicos Antonio de la Paz y Miguel González llegan a Sanabria el cinco
de octubre de 1934. Llegan muy de mañana y en Puebla recogen a Honorino
Requejo, vecino de la Villa y amigo de las misiones, quien los acompaña
hasta San Martín. Descubren allí a un pueblo de unos 300 habitantes, con
una Colonia de niños pretuberculosos propiedad de la Diputación y por
entonces deshabitada; el juicio que les causa lo que ven no puede ser
más rotundo: una de las varias zonas desventuradas de España, donde la
penuria material y la miseria espiritual denuncian un grado de vida
primitiva y lamentable. Llegado al pueblo les recibe Antonio Muñoz, el
maestro, un joven recién llegado al pueblo que ve en los misioneros unos
amigos que van a ayudarle, que no a suplantarle, en su tarea. Dedican
todo el día a adecentar la casa del maestro con la ayuda de d. Pedro, el
cura, y de gran número de vecinos. Ese mismo día, d. Pedro Bobo,
diputado provincial y residente en Mombuey, les comunica que la
Diputación les cede el preventorio mientras dure la misión, con la
posibilidad de que se instale allí el maestro. La dura jornada finaliza
cerca de las doce de la noche, cuando vuelven a la Puebla.
El segundo día la jornada empieza pronto y a eso de las ocho ya están de
nuevo en San Martín, y se les pasa continuando la limpieza del
preventorio.
El tercer día, el domingo 7 de octubre bajan los misioneros al Lago y
comen en Bouzas, por la tarde les impresiona un entierro que tiene lugar
en San Martín. Es tal la pobreza de los lugareños que llevan el cadáver
en unas parihuelas, envuelto sólo en una sábana, cuando la fosa se cava,
el cadáver es enterrado desnudo, pues la sábana servirá, les dicen los
lugareños, para posteriores entierros...
El lunes bajan al Mercado del Puente, poblado de vida ocasional en torno
a un inmenso ferial raso; allí adquieren trébedes, barro cocido,
hogazas... el Mercado les llama la atención por todo el revuelo que
causa en la comarca, por lo que filman unos planos de película
documental (27) para que quede constancia de ellos.
Por fin el martes día nueve inauguran el Comedor Escolar, que decoran
con láminas de Velázquez y de Castillos. El primer menú son judías
estofadas con chorizo y pan traído desde la Puebla. Implican a la gente
del pueblo en el proyecto porque no quieren que la iniciativa caiga en
la mera beneficencia.
Durante estos días dedican las mañanas a la Escuela, a decorarla, a
hacer lecturas con los niños, a trabajos manuales, a canciones... para
lo que aportan ábacos, plastilina, tijeras. Los niños tratan de agradar
a aquellas gentes venidas desde tan lejos, y alguno hay que incluso
llega a embadurnarse el pelo con aceite.
Don Pedro es el cura de la aldea, amigo y colaborador de la misión, e
invita un día a comer a los expedicionarios, a los que obsequia con
peras de Rozas. La sobremesa se les va charlando del Lago, usurpado
durante años por una señora que se decía heredera del viejo monopolio
bernardo, y rescatado al advenimiento de la República en beneficio de
las aldeas ribereñas; de la leyenda de Valverde de Lucerna...
Antes de finalizar su misión, lo que ocurrirá el día quince de octubre,
van también a Ribadelago, mísera aldea en la que el aislamiento y el
bocio endémico todo lo presiden. Allí encuentran una escuela también
desguarnecida y a un joven maestro, J. Enríquez de la Rua que también
les pide ayuda, a lo que los misioneros acceden gustoso.
Podemos clasificar las actividades llevadas a cabo por la Misión
Pedagógica en tres categorías, sanitaria, agrícola y otras varias:
En lo Sanitario, son tres las actuaciones:
Verbal: charlas sencillas sobre divulgación higiénica, sobre todo a las
madres en temas relacionados con la puericultura, repartiendo cuadros,
folletos...
Actuación médica directa, lo que conlleva el tratamiento de enfermedades
agudas, intervenciones quirúrgicas sencillas, reparto de medicamentos.
Se observa que son endémicos de aquella zona de Sanabria el reumatismo y
el bocio infantil, para combatir éste último reparten sal yodada, dando
en Puebla la receta de la misma, para que pueda ser adquirida por los
lugareños a precio asequible.
Higiene escolar, enseñando a los niños la importancia de lavarse, de
mantenerse limpios, de practicar la higiene dental...
No dejan de notar nuestros misioneros que la actitud de los lugareños en
siempre de gratitud asombrada ante el bisturí, pero de desconfianza ante
la charla divulgadora, con esa fe en la medicina como una ciencia
hermética y extraña que todo lo puede.
En lo Agrícola; lo que buscan es obtener un mayor rendimiento del
empobrecido suelo sanabrés, y ello a través de diferentes técnicas, como
la rotación de cultivos, la introducción de nuevos semillas selectas, de
abono inorgánico (del que traen más de cincuenta quilos. El maíz se daba
en aquella Sanabria poco y sólo en zonas templadas, por lo que los
misioneros traen más de sesenta quilos de semillas de maíz americano,
mucho más resistente al frío. De este modo, cada vecino recibe semillas
y abono, además de explicaciones técnicas, para obtener un buen
rendimiento de la tierra.
Otras actividades realizadas por aquella misión son bibliotecas
circulantes, que recorren Sanabria, obras de Teatro con las que alegrar
la vida de aquellas gentes. De este modo y durante unos días, los
misioneros van por diversos pueblos de la comarca, como Ungilde, Vigo...
La Misión finaliza el día quince, no sin antes pedir a la Diputación que
mantenga la subvención al Comedor Escolar, para que todo lo realizado no
caiga en saco roto.
Dentro del mobiliario que dejan en San Martín de Castañeda podemos
destacar una estufa, doce tinteros, ocho cuadros y un gramófono... el
material escolar es también abundante (un mapa, seis barras de
plastilina, una caja de lápices, seis tijeras, cuatro paquetes de
tizas...), lo mismo que los bienes para la cocina (48 cubiertos, dos
abrelatas, siete quilos de jabón...) o los medicamentos (cinco frascos
de yodógeno, Tiroxina inyectable, dos frascos de nefrina, una caja de
vacunas antineumocócia, sesenta y siete cepillos de dientes...
Todo ello fue posible gracias a una serie de instituciones que
colaboraron con la misión, como la Dirección General de Sanidad, la Casa
Max Berlowitz, la Compañía Dental Española, la Casa la Toja, la Sociedad
de Nitratos de Chile, Espasa Calpe y los Doctores Cañizo y López
Morales.
Para que la obra no caiga en el olvido, nombran los misioneros, antes de
volverse a Madrid, una delegación del Patronato en Sanabria, compuesta
por:
Presidente: Honorino Requejo
Secretario: Antonio Muñoz Sánchez
Antonio García Gómez, médico del distrito
Heliodoro Iglesias Rodríguez: alcalde de Galende
Andrés López Román, alcalde pedaneo de San Martín de Castañeda
J. Enríquez de la Rua, maestro de Ribadelago
Durante sus años de existencia, hasta el comienzo mismo de la Guerra
Civil, el Patronato llevó a cabo más de 130 misiones por los pueblos de
España similares a la realizada en nuestra Comarca, más de ochocientas
bibliotecas, y todo ello con un presupuesto que apenas superaba las
quinientas mil pesetas cada año. Autor: Manuel Mostaza Barrios
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Fuente: Sanabria.tk
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