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Historia: Leyendas Sanabresas
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Cuenta la leyenda que una oscura y fría noche sanabresa llego al pueblo de Villaverde, un peregrino hambriento y agotado de cansancio, pidiendo un pedazo de pan para comer y un rinconcito en la paja o junto al fuego para dormir. Los habitantes de Valverde de Lucerna Iban negándole uno a uno hospitalidad y cobijo, temerosos de poner en peligro sus bienes o contaminándose por la pobreza del mendigo. Así fue sucediendo casa por casa, hasta que e peregrino llegó a una humilde casa en las afueras habitada por una pobre familia de panaderos. Le abrieron su casa, ofreciéndole morada y al verle tan hambriento le hornearon un pedazo de pan para él. Dicho pedazo creció tanto, que tuvieron que cortarlo en trozos para sacarlo del horno. Cuando el peregrino termino de comer, les agradeció enormemente su gran gesto de hospitalidad y compasión y les confesó que no era ningún mendigo, si no Jesucristo en persona, que había llegado hasta Valverde para probar la compasión de sus ricos habitantes. Tal había sido la decepción al comprobar el enorme egoísmo que habitaba en sus corazones que había decidido castigarles, para ejemplo de todos los que en el mundo, tuvieran aquel pecado. Pidió a las mujeres que se fuesen del pueblo junto a su familia, pues serian los únicos que se salvarian del pueblo. Una vez se marcharon, el peregrino, (que al parecer era Jesús), clavó una estaca en el suelo y pronunció: Aquí clavo mi estacón aquí salga un garallón, aquí clavo mi espada aquí salga un garallón de agua esta otra (hay diversas versiones de la misma historia):
Aquí clavo mi bordón Brotó entonces una fuente de agua con
tal fuerza y volumen que en poco tiempo el pueblo de Villaverde se
inundo por completo, formando lo que hoy conocemos por el Lago de
Sanabria. Tan solo se quedó al descubierto una pequeña isla, que puede
ser visible, y que es en donde estaba el horno de las mujeres. Cuenta la leyenda que vivía en el pueblo una muchacha no muy agraciada. La gente del pueblo hacía mofas y escarnios de ella, hasta que se fue al monte. Pasó el tiempo, y los aldeanos al ver que la joven no volvía pensaron que había muerto. Pero la verdad es que la muchacha se había convertido en una bellísima bruja, bebiendo de una fuente con propiedades mágicas. Los hombres de la región, atraídos por la joven, no volvían a sus hogares. A esa fuente se la conoce como la Fuente de la Hermosina, y se dice que cuando el aire sopla se escuchan los susurros de Fermosina, y los gemidos de muerte de los hombres.
Fuente: Sanabria.tk
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| :: Publicado el 25 de Febrero, 2001 |
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| :: Publicado el 3 de Marzo, 2004 |