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La ruta de la Plata
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Pero este abrumador escenario salmantino no
es, en el fondo, más que un hito en el recorrido de la Ruta de la Plata, del que
parten otras ramificaciones que deben ser tenidas en cuenta. Son las tierras de
Alba y Peñaranda, en las que, junto al arte, halla acomodo también la más
sabrosa gastronomía en forma de asados. Pero no es el único atractivo. las Arribes del Duero, paisaje en proceso de descubrimiento, sorprenden a quien a esos parajes se acerca con la condición distinta de su naturaleza. El Norte salmantino marca la recuperación de la Ruta de la Plata y el hallazgo de las llanuras del vergel agrícola que los árabes denominaron Armuña. Pocos kilómetros más adelante, en Villanueva de Cañedo, el Castillo del Buen Amor muestra de la arquitectura civil del Renacimiento, y su construcción se debe al arzobispo Alonso II de Fonseca. Y llega el final de la demarcación de la tierra salmantina. lzcala marca la frontera y subyuga por la condición legendaria de su origen, por la hipótesis de que las tierras de lzcala se correspondan con la antigua Sibarian. Cubo del Vino nos adentra en tierras zamoranas. Monte bajo y vegetación nueva nos conducen a la zona de Valparaíso, un espacio geográfico tal vez desbordado por los hitos históricos que atesora. Corrales del Vino, próximo ya a la urbe
zamorana, ofrece empaque en buena parte de sus casas y, especialmente en su iglesia, una
bella fábrica del siglo XIV, dedicada a Santa María Magdalena. De estilo plateresco, es
casi la única muestra de este estilo en tierras zamoranas. Con Zamora al alcance de la mano, conviene sin embargo que la impaciencia no se apodere del viajero. Jambrina bien merece una visita. Como la merece el pueblo de Arcenillas. En su templo se conservan aún quince de las treinta y cuatro tablas que conformaban su retablo. Zamora la bien cercada No es extraño que, según la tradición mantenida, en el itinerario de Antonino, Zamora figurara como una mansio feliz en el recorrido de la ruta de Mérida a Astorga. Ocellum Duri aludía a la satisfacción que los soldados veteranos del Imperio sentían al ser destinados a asentarse en emplazamiento tan cómodo como el de Zamora. Su emplazamiento privilegiado y la
privilegiada evolución histórica confirman su condición de joya artística. La llegada
a Zamora supone la travesía de ese barrio que los zamoranos han bautizado con la
denominación de Extra pontem.
Pero se hace necesario cruzar el puente de piedra para acceder al recinto amurallado, de¡ que aún son visibles varias puertas, y sobre cuyo emplazamiento sobresalen edificos tan majestuosos como el Castillo y la Catedral. El Palacio del Obispo, junto a la catedral, es el punto de partida idóneo para un cómodo paseo artístico por la ciudad. La Catedral, con sus sobrias estructuras románicas y la pureza de las influencias bizantinas, bien justifican la denominación de "Perla del Duero", habida cuenta de la perfecta síntesis románica que ofrece en su traza. Completan la armonía de su estructura la portada Norte y la Puerta del Obispo. Posee una excelente colección de tapices. Buscando la Plaza, es fácil descubrir la iglesia de San Pedro y San lldefonso, edificio románico del siglo XI, que alberga los restos de san Atilano, primer obispo de Zamora. Aneja a la Casa de la Cultura, y próxima a la Plaza Mayor, descubrimos una iglesia de humilde condición en apariencia, pero que esconde los relieves más antiguos de la ciudad. Erigida próxima a la muralla, la iglesia de San Cipriano es uno de los edificios religiosos zamoranos de mayor abolengo, pero no el único. En la Plaza Mayor, San Juan de Puerta Nueva armoniza sus orígenes románicos junto a estructuras renacentistas. El recorrido por el románico urbano se completa con la iglesia de Santiago del Burgo, uno de los templos primitivos mejor conservados. No sólo el Románico dejó su impronta en la arquitectura religiosa. Monumentos religiosos como San Andrés, del siglo XVI, el convento de los Trinitarios, del siglo XVII o el convento de las Franciscanas Concepcionistas, patente aún en tristes ruinas hablan de pasados esplendores. Y, como en todas las ciudades de la Ruta de
la Plata, la reciedumbre y consistencia de la arquitectura civil, necesario complemento a
tanta religiosidad. Y si hablamos de funciones modernas, justo es citar el Hospital de la
Encarnación, del siglo XVII, dedicado a sede de la Diputación Provincial. Pero no puede acabar esta breve relación sin hacer referencia al Palacio de los Condes de Alba y Aliste. Erigido a finales del siglo XV y reformado posteriormente, el edificio conserva su patio, con riquísimos medallones, y relieves platerescos en la portada que da acceso a la escalera, erigida en el siglo XVI. Hoy convertido en Parador Nacional de Turismo. En geografía tan privilegiada, no es extraño que el vino se haya convertido en placer clásico. Recios caldos que sirven para acompañar toda la variada gastronomía zamorana. La enumeración completa es imposible. Pero recordemos "la sopa de boda", el "arroz a la zamorana", los "habones de Sanabria", el "moje de Aliste", el "Bacalao a la Tranca" ... Platos todos aptos para reiniciar el, ya mediado, camino de la Ruta de la Plata. |
| :: Publicado el 15 de Marzo, 2004 |
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| :: Publicado el 15 de Marzo, 2004 |